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goebbbels

Si bien es cierto que son conocidas, y estudiadas, las reglas en que se fundaban la propaganda Nazi de la mano de su promotor principal, JOSEPH GOEBBELS, mal no viene en “refrescar” nuestra memoria ante sucesos que sospecho ver algunas similitudes en estos últimos tiempos. Peligrosamente implementadas desde algunos países centrales y dominantes de la escena política mundial , con marcado paroxismo en la reproducción hacia (y, dentro), de “la periferia de los países dependientes o semi-coloniales” ; adscriptos por sus gobernantes, a seguir el peligrosísimo camino de la mordaza informativa para defender intereses aberrantes ante la opinión pública.
No hay humanidad sin comunicación, ni comunicación sin códigos comunes, sin palabras. No hay palabras sin sentido. No hay sentido sin práctica de la historia. No hay historia sin palabras que la narren“, sostiene Luis Lazzaro. No se trata del sentido filosofal de la vida de los pueblos, sino de las condiciones históricas y materiales en que los proyectos humanos buscaron el dominio sobre los cuerpos y territorios para imponer sus intereses. Es así que palabra, tiempo y territorio formarán una trilogía inseparable a la hora de representarnos en la historia.
La interpretación de los fenómenos que gobernaron la vida de las personas, el despliegue de sus representaciones y significados, nunca fue indiferente a las políticas de acumulación, conservación o expansión del poder sobre territorios y sociedades. Se adaptó y se reprodujo como lubricante social de los engranajes económicos que han definido el modo de producción reinante en su tiempo. Vale decir, que los lenguajes y los sistemas culturales no existen fuera de la historia material de cada pueblo. Se construyen con las épicas de cada tiempo, sus creencias y con sus mitos. También es cierto que todos los signos son culturales; la construcción de una subjetividad autónoma se vincula con la capacidad de conocer y producir los códigos de interpretación y formulación.
Los instrumentos de selección y producción no son, ni lo han sido en la historia, neutrales.
El principio de poder de la palabras, reside en la complicidad que se establece, a través de ellas, entre un cuerpo social encarnado en un cuerpo biológico, el de portavoz o vocero, y cuyos cuerpos biológicos socialmente educados a reconocer sus órdenes, sus exhortaciones, sus insinuaciones o amenazas. Estos son los ‘sujetos hablados, los fieles, los creyentes’” (P.Bourdieu).
Por último, citando al sociólogo Bourdieu, quien sostiene “que las palabras expresan perfectamente la gimnasia política de la dominación o de la sumisión porque son, con el cuerpo, el soporte de montajes profundamente ocultos en los cuales un orden social se inscribe durablemente“.
Realizada esta pequeña introducción, “los principios” de aquellos años negros del dominio nazi casi a mediados del siglo XX sobre la población alemana, pareciera tener correlato algo sofisticado, y vigencia en sus usos políticos en la actualidad.
Veamos:

1) Principio de simplificación y del enemigo único
Consiste en adoptar una única idea, un único símbolo: Individualizar al adversario en un único enemigo enfocado en quien se encuentra en el otro bando.
2) Principio del método de contagio
Posee como finalidad el de reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; las personas (adversarias) han de constituirse en suma individualizada. Es decir, culpar en todo cuanto se pueda al “enemigo”.
3) Principio de transposición
El principio de traslación o transposición plantea que se debe cargar sobre el adversario, los propios errores y defectos, respondiendo el “ataque con el ataque”. O sea, “si no puedes negar las malas noticias, inventa otra que la distraiga”.
4) Principio de la exageración y desfiguración
El objetivo de este principio es convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en una amenaza grave.
5) Principio de orquestación
Con este principio, se asegura que: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas, y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde distintas perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. Desde este punto ha salido la famosa frase de “miente, miente, que algo quedará”.
6) Principio de la vulgarización
Está basada en la premisa de “que toda propaganda debe ser popular, adaptando al nivel menos inteligente al que va dirigida. Cuando más grande ha de ser la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad de las masas es limitada y su comprensión escasa; además tienen gran facilidad para olvidar”.
7) Principio de renovación
Con este principio se sostiene que el objetivo es principal emitir constantemente informaciones y argumentaciones nuevas, a un ritmo tal que cuando un adversario responda el público esté interesado en otra cosa. La respuesta del adversario nunca podrá  contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8) Principio de la verosimilitud
Este principio se basa en construir argumentos sobre bases diversas, a través de los llamados “globos sondas” o información fragmentada.
9) Principio de la silenciación
Se basa en acallar sobre cuestiones en la que no tienen argumentos disimulando las noticias que favorecen al adversario, también “contra-programando” en forma masiva a través de medios de comunicación afines.
10) Principio de transfusión
Por lo general, la propaganda opera siempre por medio de un sustrato preexistente , ya sea por mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar actitudes primitivas.
11) Principio de la unanimidad
LLegar a convencer que se “piensa como todo el mundo”, creando la impresión de unanimidad.

Como corolario, quisiera agregar que, en tanto el lenguaje es expresión de un modo productivo – el valor de la palabra y su circulación en una economía y una historia-, todo el sistema de representaciones y sus formas de producción se somete a esas lógicas económicas.
Ha sido el surgimiento de nefastos personajes históricos para la humanidad (cabe recordarlo), en plena crisis mundial capitalista (1929) durante los años de depresión.  La crisis actual, lleva casi una década y los nubarrones amenazantes que han comenzado a emerger, no anuncia simples chubascos.
Estemos atentos y prevenidos, ya que la experiencia del holocausto vivido por entonces, está de nuestro lado en la medida de no perder la perspectiva histórica.
Depende de nosotros, los trabajadores, no dejar avanzar y oponerse férreamente a la construcción de nuevos relatos que enceguecen la realidad.

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