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  • Publicado en El Libre Pensador el 28/01/2013

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El gobierno Argentino ante una encrucijada.

En estos últimos días se viene debatiendo la posibilidad de que en Argentina se baraje un plan de shock similar al realizado por el gobierno peronista (1975), liderado por la presidenta de entonces,Maria Estela Martinez de Perón, popularmente llamado “El Rodrigazo”. Este nombre se debió al que entonces era el ministro de economía, Celestino Rodrigo, que bajo la autoría intelectual del liberal Ricardo Zinn, impulsó un brutal ajuste a buena parte de la población y, en especial, hacia los trabajadores.

El disparador de esta frase (luego rectificada por el mismo), ha sido el actual titular de la UIA (Unión de Industriales Argentinos) y estrecho colaborador del gobierno nacional,  Mendiguren, quien puso a descubierto las debilidades estructurales de la economía, tratando de azuzar el fantasma de aquellos años, ante los pedidos de aumentos salariales que los trabajadores comenzaran a plantear en paritarias del 2013.

¿Qué fue el “Rodrigazo”?

Según refiere,Rogelio Alaniz, en el artículo periodístico de su autoría publicado por un matutino capitalino  definió al “Rodrigazo” como “… básicamente un cambio de paradigma en el funcionamiento del capitalismo criollo y, a su manera, rompió el esquema histórico de políticas públicas quebrando un modelo de país cuyo origen podría ubicarse a mediados de la década del cuarenta. Dicho con algo de sorna, fue la decisión antiperonista más eficaz promovida por un gobierno peronista y, nobleza obliga, resistida por la jerarquía sindical peronista“. En verdad , fue desde todo el arco de los trabajadores, su resistencia al plan.

Los anuncios de Rodrigo tuvieron el efecto de un shock. El dólar que estaba a cinco pesos pasó a treinta y en el mercado negro subió a cuarenta y cinco. La nafta aumentó de 5,50 a quince pesos, las tarifas de gas y electricidad se incrementaron en un sesenta por ciento. La propuesta concluyó con un aumento de salarios del 45 por ciento, una limosna para un plan que encareció el costo de la vida en un 180 por ciento. El plan incluyó, además, algunas decisiones que no adquirieron estado público, pero que eran claves. Por lo pronto, según Rodrigo, lo que se intentaba con ese “paquete” era sincerar la economía. Esto significaba reducir el déficit fiscal y aumentar la productividad por la vía de la devaluación del peso. Pero también se proponía licuar las deudas de banqueros amigos y aumentar la tasa de ganancia de las empresas. En definitiva, lo que se puso en juego fue una disputa durísima por la distribución del ingreso. A partir de ese momento, la brecha entre ricos y pobres empezó a profundizarse, mientras que en poco menos de tres meses se duplicó el número de desocupados que para entonces apenas superaba el dos por ciento”.

No obstante, el grueso de la dirigencia gremial ya estaba fuera de la verticalidad oficial. El efecto visual de los aumentos tuvo enorme contundencia y la paritaria metalúrgica acordó 120% de suba salarial. Esto actuó como detonante de las demás. Isabel Perón se resistió a homologar esos acuerdos hasta que un paro general convocado por 48 horas la venció. A partir de ahí se produjo una carrera de precios y salarios, una corrida sobre el dólar y el desborde de las cuentas fiscales y monetarias.

Sin embargo, también escondía el gobierno peronista de entonces varios objetivos políticos, según nos narra Rogelio Alaniz: “..Los objetivos de la estrategia de Isabel eran globales. En primer lugar, el gobierno se comprometía ante los militares a eliminar la subversión con recursos propios, es decir con las Tres A. La oferta paramilitar resultaba tentadora para las Fuerzas Armadas, en tanto el trabajo sucio quedaba a cargo de los sicarios de López Rega. El otro objetivo era la liquidación de la izquierda en las universidades. Los hombres encargados de esa tarea serán Oscar Ivanissevich y Alberto Ottalagano. El tercer objetivo, será ponerle punto final a los arrebatos nacionalistas y distribucionistas de los sectores reformistas y populistas. La propuesta apuntaba a fortalecer la economía de mercado, congelar los salarios y alentar las inversiones extranjeras. El programa político incluía someter a los dirigentes sindicales y reducir su poder corporativo”.

El movimiento obrero y las clases medias en la calle liquidaron al plan de Rodrigo, pero no a algunas de sus consecuencias. En principio, los militares advirtieron que no era posible un profesionalismo integrado y comenzaron los preparativos del golpe de Estado, entre otras cosas porque las movilizaciones de masas de junio y julio de 1975 les demostraron que sin una dictadura militar no era posible “sanear” la economía.

Similitudes y diferencias…

En el año 1974 el gasto público y el déficit fiscal habían alcanzado el 31,6% y el 6,2%, respectivamente en relación al PBI. En la actualidad rondan en el órden del 43% y 4% respectivamente.

Tanto entonces como ahora el Gobierno carecía de acceso al crédito externo o interno. Se observa que actualmente hay menos déficit relativo al PBI, pero hay más gasto público (subsidios a empresas privadas, pago de deudas externas, entre otros), lo que indica que la economía está hoy sometida a una mayor presión impositiva. Esto lo pueden confirmar, entre otros sectores, los asalariados de la cuarta categoría. Tanto en 1975 como actualmente, el Banco Central y la expansión monetaria fueron y son la contrapartida del desequilibrio fiscal.

Según el economista y profesor universitario José María Fanelli, precisó ante la pregunta, ¿a que atribuye el alza del dólar paralelo en la actualdad? :–”La causa principal de la presión en el mercado del dólar es la emisión monetaria que se acerca al 40% anual. Si uno considera que la tasa de crecimiento fue alrededor de 1% o 2% –según Ferreres, hubo en realidad un crecimiento negativo– más un 25% de inflación, eso quiere decir que la demanda de dinero subió aproximadamente 26%, 27%. Entonces, sobra dinero. Si ese dinero se utiliza para ir al mercado de dólares, presiona al dólar. Con este nivel de emisión monetaria se corre el riesgo de tener este tipo de corrida sobre la moneda. Lo mismo ocurriría si la gente fuera a comprar bienes, porque no tendríamos 25% de inflación, sino 30% o 35%. Si el Gobierno quisiera bajar la inflación, tendría que emitir menos del 26%, 27%, y lo está haciendo a 40%”.

El cepo cambiario y la ampliación de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo han sido en nuestra historia económica el prolegómeno de incontroladas devaluaciones y de escaladas de la inflación. Esto lo saben los dirigentes gremiales que ahora se niegan a acordar un aumento salarial que pueda durar un año. Existe la presunción de que en 2013 se producirá una mayor inflación de aquella que proyectan el Gobierno o los analistas. Por eso, piden acuerdos de corta duración que a la vez expongan crecimientos porcentuales ópticamente menos impactantes.
El secretario General de la CGT “opositora”, Hugo Moyano, al referirse sobre el tema del posible “Rodrigazo” manifestó en una radio capitalina que “El Rodrigazo se puso en funcionamiento hace un tiempo”. Agregó luego, “Los empresarios buscan meterle miedo a la sociedad” , para luego afirmar que el piso que irán a paritarias sería a partir del 25%.

Aclarando algunas coincidencias con aquel año 1975, y en referencia a la inflación añadió:

“Creo que sí, lo que hay es que la inflación se viene dando y se está perdiendo el poder adquisitivo del salario. Esto es perjudicial”. También, el dirigente sindical nombró como una situación parecida a la del ” Rodrigazo la existencia del “dólar blue”, que es el dólar paralelo.

Ante la inquisitoria del periodista que actitud tomarían en caso de no obtener una respuesta aseveró que “…la cosa va a tender a endurecerse . Eso depende de quienes tienen que dar respuestas” . Si bien, no habló de nuevas medidas de fuerza, remató con la brabuconada absolutista típica de cualquier burócrata sindical:“Cuando tengo que decir algo, lo digo o lo firmo yo, el resto no existe. Somos racionales, si tenemos que tomar medidas lo decimos con tiempo, lo publicamos y ponemos la caripela”.

Seria interesante preguntarles a los propios trabajadores, si estos tipos de dirigentes, pondrían la “caripela” y el cuerpo cuando las papas quemen, o harán la gran “borrada” de Casildo Herrera (1) (ya que hablamos de épocas y coincidencias).

Según la publicación de ACTA:

“…La inflación del año 2012 fue de aproximadamente el 25%, y todo indica que este año se mantendrá en niveles similares. Por ello, un incremento salarial “de bolsillo” inferior a dicho porcentual significará una reducción del salario en términos reales.

La regulación estatal del sistema de asignaciones familiares y del impuesto a las ganancias (4ª categoría) influye negativamente sobre el “ingreso de bolsillo” de los trabajadores. De no producirse cambios en dicha reglamentación, el aumento real de los ingresos de los trabajadores será inferior al que se pacte en las negociaciones salariales.

En el caso de los trabajadores de ingresos medios–altos y altos, la falta de modificación del mínimo no imponible y de los tramos de la escala del impuesto a las ganancias puede significar una reducción de entre 2 y 5 puntos porcentuales sobre el resultado de la negociación salarial (un aumento del 25% sobre la escala salarial se transforma en un aumento de entre el 20% y el 23% según el monto del salario y las cargas familiares)…”.

Este año será indudablemente bastante movido,  donde los trabajadores pondrán contra la pared al sistema capitalista enmascarado sobre un gobierno que se hace llamar “nacional y popular”…Puede que se comience a arreglar cuentas con los embaucadores burgueses y sus secuaces.

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Fuentes:
(1)Secretario de la Asocioación Obrera Textil. La historia castigó con severidad su tibieza al dejarlo asociado para siempre con su frase “yo me borro”, expresada en Uruguay el día del golpe de estado el 24 de marzo de 1976.
Diario El Cronista comercial
Urgente24
Diario Perfil
Diario la Nación
Diario ambito financiero
ACTA

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