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  • (Publicado en El Libre Pensador el 12/05/2014)

enajenacion capitalista

Escribir sobre evidentes “cambalaches” de actualidad, por momentos se torna tedioso. Ha sido en estos últimos tiempos, en el que los lamentos personales continuos  ante la posibilidad de una lejana salida, nublan nuestra visión, en el derecho inherente a una mejor calidad de vida para hoy.

El hecho de “mejorarse”, en estos tiempos de forma  individual, a base de estudios, perfeccionamientos y trabajo, hizo que el malogrado fin del que nos hemos topado,  haya caído sobre la frustración personal; juntamente con una  tortura implosiva donde las esquirlas del fracaso llegaran al conjunto de los seres más queridos.

El sometimiento al paso existencial, como condena de vida, en el transcurso de la crisis provocada por las clases privilegiadas –quienes se atreven a predecir futuros venturosos, que nunca llegan hacia los trabajadores-, nuestros cuerpos y espíritus sufren la marca indeleble del tiempo humano perdido.

La sociedad burguesa, en su alienación, va engullendo de modo insaciable, todo recurso que  permita desarrollarnos como humanos… ¡si hasta el placer se torna un lujo!

En la sociedad de la “utilidad”, estar acompañado y sentirse sólo a la vez, es natural. La felicidad se desdibuja frente a la angustia; adormece los sentimientos endureciendo el corazón; se anquilosa la  actividad cerebral. Los sonidos van perdiendo esencia y los colores  de la naturaleza son vista con la pátina que recubre los ojos de los que transita su desgraciada vida. El lenguaje empobrece, pues el cerco de la alienación no requiere marcos de análisis por fuera de su límite.

La desvalorización del conocimiento en una sociedad sustentada en la explotación del hombre por el hombre, como un absurdo, prepara a su ejército de trabajadores como simples apéndice de máquinas: solamente para reproducirse.

¡Vivir!, ¿Cómo?… como sea; como puedas. Si preferís ser “coherente” en el capitalismo como trabajador, tienes asegurada la miseria.

La risa de los desposeídos marca en sus rostros ceñudos una mueca que han aprendido a dibujar, como afrenta a la miseria.

¿Qué es una sociedad hipócrita?… No te molestes en explicarle a tu patrón tus argumentos. Se reirá impúdicamente en tu cara.

La esperanza de un cambio social, una “extravagancia” posible… ¿por qué, no?

Millones de trabajadores han comenzado a construir el camino que nos salve de la barbarie. ¿Te Sumas?

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