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  • (Publicado en El Libre Pensador el 11/05/2014)

mediocrdad

Llegué al fondo. La miseria humana, como en mi caso, emerge con descaro visible. Si llegásemos a mirar más allá del realce humano, veríamos el relieve  de quién es quién sobre esta nubosa marea en la que habitamos; desnudaríamos la verdadera esencia de nuestras particularidades y de quienes nos rodean.

Vileza y mentira son primos hermanos de la impotencia y enemigas irreconciliables tanto de la ética como de la sensibilidad; aborrecen la transparencia y el compromiso,  siendo estos últimos la materia prima desde la cual forjan el ánimo superador de la mediocridad.

Hipocresía y cinismo intentan corromper voluntades libertarias, tratando de imponer lo superfluo por sobre lo importante y necesario al desarrollo de la vida; colocan cuñas imaginativas bajo veladas intensiones de distorsionar al “ser” y su fin.

En este tipo de sociedad capitalista, donde prima la moral del absurdo, sufren la  peor carga sobre esta batalla velada, aquellos valores imprescindibles para la convivencia humana, como ser: coherencia y ética.

La violencia y la barbarie, emergen como lamentables protagonistas de nuestra actual época.

La integridad humana intenta consecuentemente sostenerse de manera denodada en busca de  la verdad; bajo relación pensamiento-acción, aprenden. Es en un esfuerzo ciclópeo frente la  imposición   del aparto social, que funda su base en  relaciones sociales  de dominación. Estos, que al verse amenazados en sus privilegios, marginan la genuina participación de los trabajadores y el pueblo, sin ahorrar categorías difamatorias como “inadaptados sociales” o, “idealistas utópicos”. La represión que imparten desde el estado “amigo” de los burgueses que los ampara, no deja de ser un diálogo, por “otras vías”.

La desconfianza y resistencia hacia el “Status Quo” , es la forma de defensa primaria que los pueblos tienen para oponerse de los ataques y verbas de los ideólogos del sistema.

Mientras que la descomposición del capitalismo avanza, la misma se manifiesta en corrupción senil avanzada, horadando los lazos solidarios emanados por  sectores adversos a los intereses creados; generando grados de violencia cada vez más inauditos hacia la clase trabajadora y sectores afines a esta. Provoca la acción de los  explotados y explotadas en busca de una solución definitiva, que  deje atrás la decadencia humana sostenida por el actual sistema burgués – y sus “variantes”-.

Para salir del atolladero deberá ir, ineludiblemente, en dirección a la construcción de OTRO sistema político-económico-social más justo. La base social oprimida -la clase trabajadora-, conducirá sin duda alguna hacia una sociedad libre e  internacional, verdaderamente democrática y sin atisbo de guerras ni hambrunas.

Un viaje prometedor…

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