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rico y pobre

A mediados del año 2001, trabajaba de viajante en ventas de insumos. Recuerdo, por ese entonces,  una interesante conversación con el dueño de una empresa de carrocerías, a propósito de la inquietante situación económica del país por la que estábamos atravesando. Luego de algunos detalles y “análisis macro” en el que se despachó durante varios minutos, esbozó una franca sonrisa, y con ojos brillantes de cinismo me dijo:

  • Mirá… yo tengo claro que así como vamos, mi empresa se funde. Lo lamentaré cuando ocurra… por los empleados que tengo desde hace años y  los quiero mucho, ¿viste?. Pero…yo, no. La empresa me tiene que mantener; jamás, yo a ella. Así que, si no da para más…cierro. Así de simple.

Ingenuamente, le pregunté si ante un inminente “cierre de su fábrica”, a él no le afectaría ver caer toda aquella “trayectoria” que durante años se había forjado como unas de las marcas principales del mercado.

Lapidaria fue su respuesta:

  • Sí, claro que me dolería, pero…La empresa puede fundirse; yo, no. Es una ley de hierro.

Las palabras de aquél empresario, en el marco del convulsionado año 2001, volvieron hacia mí  por estas horas.  No es solamente, la “mentalidad empresaria argentina” la que cala en la actualidad, sino  la conciencia capitalista en esta etapa senil y putrefacta, que descompone y derrama hacia toda la sociedad, su pestilente necrosis que emana el sistema.

El régimen de gobierno, el espejo donde se refracta actualmente los burgueses e intereses anti-obreros, hace aguas por todo lados. Algunos de los dirigentes burócratas y traidores, lanzan su silencio de cementerio ante tamaño desastre; otros, tanto o más execrables que aquellos, aliándose vilmente con las patronales, cavan trincheras y “fusilan” sin pudor a los trabajadores mismos. Los sindicatos dirigidos por estos bastardos, descuentan mensualmente la cuota sindical a los que trabajan, sin el propósito de ser utilizados como fondos para las luchas de los trabajadores en el momento que estos más lo necesitan, si no, en seguir enquistándose como parásitos de la clase obrera…

Si algo faltaba para desenmascarar – entre otras tantas-  la mentirosa política de “desendeudamiento” con la que el gobierno nos entretuvo durante  años, fue el resultado judicial del Lunes pasado, cuando la Corte Suprema de Justicia  de los Estados Unidos rechazó las apelaciones del gobierno argentino. Este fallo a favor de los denominados “fondos buitres” y, cuyo monto asciende a U$S 1.330 millones, abre la puerta para que otros tenedores de bonos argentinos reclamen el 100% del valor nominal más intereses. Todo ello, sumadas a las  “negociaciones” hechas con Repsol y el Club de París, estaríamos hipotecados en una cifra cercana a  los U$S 300.000 millones. Una ternura, ¿no?…

Los corrupción sobre enormes negociados a través de las más altas esferas del gobierno, está golpeando sobre los estrados judiciales. Por estos días, el Vice Presidente Amado Boudou, tuvo que declarar por la causa Ciccone Calcográfica, sospechado de ser la principal parte del hecho aberrante del  ilícito. Sobre esta causa, comenzaron a prestar testimonio varios de los testigos, comprometiendo a Boudou muy seriamente.

Varias denuncias  de corrupción, en la que estarían implicados altos mandos del gobierno nacional, se han abierto  en varios juzgados federales. Estas causas abiertas sobre enriquecimiento ilícito, denotarían el entramado y la complicidad entre empresarios, funcionarios y el gobierno nacional.

Hace unos días se creó, dentro del Ministerio de Cultura, la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional (Scepn), liderada por el filósofo Ricardo Forster .  No se sabe cuál sería finalmente su función…¿tal vez  darle un “marco progre”  a la abdicación del gobierno ante los “buitres”?.

Mientras tanto, las empresas han comenzado a suspender y despedir a trabajadores. Decenas de miles de obreros han decidido protegerse contra los arbitrarios despidos patronales y en defensa de sus únicos ingresos, con medidas de lucha: tomas de fábricas y movilizaciones en general. Huérfanos de la protección de los sindicatos patoteros y traidores, han tomado en sus propias manos la autodefensa; logrando de este modo y claramente, dar valor e impulsar a otros trabajadores a seguir el camino de la pelea por los  puestos de trabajo, recomponer el salario y batallar contra la precarización.

En la “Década ganada”, hubo quienes “se la llevaron en pala”… otros, nos hemos hundido en un pozo cavado con la misma “pala” que se la “llevaron”. Es una ley de hierro…del capitalismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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