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busqueda de comida

¿Cómo  emprender el recorte histórico  particular, sin ofender ni aludir  a aquellos personajes que han cimentado el espacio vital donde sobrevivir? No es mi interés realizar este escrito para desahogarme y, menos para hacer catarsis. Créanme, que simplemente plasmo mi experiencia personal durante la denominada “década ganada”, para quede asentada mi oposición hacia la posibilidad de un futuro ajuste por parte del gobierno. Lo consideraría injusto y provocativo.

¿Se puede estar en condiciones  peores? Sí, se puede; ¿Por qué, no?…La tradicional dirigencia de nuestro país ha dado muestras suficiente en el  esmero de hacer de nuestro terruño un lugar un poco más imposible de ser habitado; en comparación a densidad de población, debemos estar entre los menores, sin embargo, la atmósfera nacional y social, se ha condensado en irritabilidad propia de los mayores conglomerados urbanos…¡imposible de creerlo!

La historia vivida en el año 2001, en Argentina, no necesita (creo, aún) ser nuevamente recordada por los adultos; más, sobre aquellos que la hemos padecido en carne propia, obviando enumerar los efectos de las políticas “del primer mundo”- como gustaba decir entonces a: “estadistas”, “economistas”, y políticos neo-liberales-.

Me ha tocado, por aquellos años, conducir a familiares y amigos, hacia la “única salida”  que veían ellos para sortear la crisis: el Aeropuerto de Ezeiza, en vuelo directo hacia países  “amigables” en la absorción de trabajos y, mejor calidad de vida de la que se podía aspirar por estos lares.

Me contaban -estos mismos familiares y amigos- por entonces, como iban sintiéndose cada vez mas reconocidos dentro del plano laboral,otorgándoles perspectivas de un promisorio futuro : tanto en lo familiar como en lo profesional.

Entre tanto, yo había elegido una Provincia patagónica – a comienzos del 2002-, con el fín de  re-construir mi vida. No tenía una mísera moneda; solamente dos bolsos, una camioneta (modelo 1981), U$S 400.-, muchas ganas de hacer cosas…Treinta y ocho años, tenía en ese momento y un bagaje de conocimientos técnicos y comerciales adquiridos desde los quince años, daban fuerzas y sostén en mi confianza, sumados al prestigio profesional acumulados en todos los lugares en los que he trabajado.

Busqué  y realicé  proyectos serios de elaboración, fabricación y hasta de enseñanza de oficio. Conclusión: nada sirvió. Peleé durante años para que algunos de estos emprendimientos tuviesen suerte…los tuvieron: algunos fueron “adquiridos” por empresas que de la noche a la mañana conquistaron la benevolencia de los funcionarios de turno; el dinero y las obras fueron adjudicadas a  “exitosos” empresarios cuya misión era sobre-facturar  los trabajos con réditos exorbitantes.

O sea, el dinero para los creadores e impulsores de proyectos genuinos…¡bien, gracias!

Seguí, igual haciendo reparaciones y ventas ocasionales de forma individual y como podía con escaso recursos. Aprendí lo que es trabajar con hambre y el dolor de estómago; supe lo que es juntar (literalmente) los centavos para comprar una “cajita” de leche, para mi hija que entonces tenía 3 años (recuerdo que me duele)…,¡en el día de su cumpleaños!; preparar “masitas” con solamente  1 kg de harina, agua y un huevo, para comer…,y, por dos días…

Mientras tanto, funcionaba en casa una radio que oíamos como el Presidente Nestor Kirchner y Cía., nos hablaban de esperanzas… Si bien, nunca lo vote, juro que deseaba haber estado equivocado.

Decidí con  mi compañera,  no pedir ningún “plan trabajar”, ni subsidios; tampoco anotarme en ningún plan de vivienda ( al igual que entonces aún seguimos alquilando), porque consideraba que podía “superarme” económicamente, por mi formación y conocimiento y, para ello tenía “dos manos, dos pies y, una cabeza”, juntamente con las ganas de salir adelante…También, lo confieso, siempre me pareció una extorsión estos “beneficios” hacia los más necesitados, a cambio de votos u otros apoyos políticos: “un plato de lentejas”, para decirlo con más precisión, del que no sería cómplice.

Muchos amigos, intentaron por varios medios, convencerme sobre la necesidad de “agarrar” las migajas que derramaban desde el gobierno “kirchnerista”, para salir del atolladero en que me encontraba.

Mi conciencia decía que no, y mi compañera, apoyó desde el primer instante mi convicción. No es testarudez; es consecuencia.

En el año 2011, me sorprendió un infarto como “cachetazo”, justo cuando había logrado levantar en un año, un taller chico de reparaciones. Trabajaba doce  o catorce horas diarias, con otros dos compañeros de trabajo ; realizando reparación de barcos, proyectos y puesta en marcha de equipos nuevos, etcétera….creía que había comenzado el camino de la “buena racha”…,nada de eso; lo perdí todo. El médico me dijo luego,  que el ingrediente más fuerte del desenlace  se debió al fuerte estrés del que estuve sometido.

Hoy, si un “mango” en el bolsillo; viviendo del ingreso como docente de mi compañera, con 3 hijos; alquilando y haciendo piruetas para llegar  fin de mes, estoy peor que en el 2002 cuando llegué a esta zona; las luchas dejaron huellas fuertes en mi corazón y, la esperanza tornó en resignación y bronca.

Mas allá de amigos y compañeros nuevos que logré hacer (por mérito propio), la última década por la que he transitado, económicamente redundó en bancarota.

Por ello, no quisiera escuchar ni ver atisbo alguno sobre un intento de “ajustar” la economía por “problemas macros”. Hubo quienes se han beneficiado y en grande, con estas políticas emanadas por los gobernantes y conspicuos empresarios y militantes afines, de la “década ganada”: en todo caso, ¡que la fiesta la paguen ellos!.

No he tranzado con el modelo; lo he padecido.

¡Ahora quiero que me devuelvan el esfuerzo que he realizado en 10 años perdidos!

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